Aprendiendo el idioma de la Salud Mental

Aprendiendo el idioma de la Salud Mental

Hace tan solo unos años que la salud mental ha empezado a ser reconocida como un componente (indispensable) de nuestro bienestar personal y social. Poco a poco, hemos ido incluyendo en nuestro vocabulario términos como “ansiedad”; “estrés”; “depresión”, “pánico” o “problemas alimenticios”. Con más o menos acierto, aparecen en conversaciones cotidianas con compañer@s de trabajo o entre familiares y amig@s. Echando la vista atrás podemos darnos cuenta de lo novatos que somos en el uso de estos términos que, hasta hace muy poco, eran palabras tabú o “cosas de loquero”. 

Estamos aprendiendo un idioma nuevo que habla de nosotr@s, de cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos. Como aprendices del lenguaje de la salud mental, con algo de atrevimiento o por desconocimiento, no siempre acertamos al hablar de la mente y de su funcionamiento. . 

Aún en la actualidad se bromea utilizando nombres de enfermedades mentales como la bipolaridad para hablar de cambios de humor repentinos o de autismo para referirnos a personas poco sociables o introvertidas. Entre ciertos sectores de la población se sigue hablando de una vecina “mala de los nervios” o del chaval que “perdió la cabeza con la droga”. En otros casos normalizamos y quitamos importancia a las borracheras de fin de semana, el exceso de estrés laboral o la adicción a los videojuegos y redes sociales de muchos adolescentes y niñ@s. 

Podemos plantearnos entonces, ¿tiene sentido ponerle nombre a los problemas o dificultades psicológicas? La respuesta es SÍ, siempre y cuando nos permita entendernos y pedir u ofrecer ayuda a los demás. 

Suelo encontrar cada vez más casos en consulta en los que las personas acuden con un diagnóstico como presentación de sí mism@s y de su situación. El deseo de poner nombre a lo que nos ocurre es útil para conocernos y  poder buscar soluciones. Al ser humano le resulta atractivo categorizar, ordenar y etiquetar, como recurso para sentir la realidad bajo control. El reconocer que las sensaciones que tenemos forman parte de algo llamado “ansiedad”, nos permite explicarlo a nuestro entorno y, a veces, reduce la influencia del malestar en nosotr@s. 

¿Qué ocurre cuando el diagnóstico se apodera de nosotros?

Hay ocasiones en las que el problema psicológico al que nos estamos enfrentando se convierte en parte de nuestra identidad. Este es el caso de aquellas personas que se autodenominan “depresivos”, “ansiosos” o que hablan de un diagnóstico como posesión, “desde mi TCA” (“Trastorno de la Conducta Alimentaria”). Este es el momento en el que el problema se adueña de nosotr@s, de cómo nos describimos y por lo tanto, de nuestra identidad. 

¿Cómo mantenemos entonces una relación saludable con este nuevo idioma de la salud mental? 

A continuación me gustaría recoger algunos indicadores que pueden ayudarnos a reconocer cuándo la etiqueta psicológica se está apoderando de nosotr@s y cómo evitarlo. 

  • Te permite comprenderte a ti o a otras personas, puede incluso aliviarte o reforzarte en lugar de hacerte sentir inferior o incapaz. 
  • Es una forma de autonococimiento, para saber más sobre ti y reduce los juicios y la autocrítica. 
  • Te sirve como un impulso para pedir consejo o ayuda, ya sea de profesionales o de personas que te quieren. 
  • Es un motivo más para hacer algún cambio en tu vida que mejore tu situación o te hace querer afrontar tus miedos o dificultades. 
  • Te “separa” de tu malestar, pasando del “soy una persona depresiva” a “estoy pasando por un periodo de depresión”. 
  • Explica actitudes o experiencias pasadas que no comprendías y que se han repetido a lo largo de tu vida sin que sepas el por qué o el cómo resolverlas. 
  • Te prepara para el futuro, para identificar recursos y herramientas que te protejan, te fortalezcan y te permitan vivir más feliz. 

En el caso contrario, en el que una “etiqueta” aumente tu malestar o empiece a ser tu carta de presentación ante el mundo y los demás. Ponle el nombre que a ti te resulte ajustado a lo que vives y sientes y ponte manos a la obra, porque puedes encontrarte mejor

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