8 CLAVES PARA ACOMPAÑAR A OTROS EN EL DOLOR 

¿POR QUÉ NOS DUELE TANTO EL DOLOR DE OTROS? 

Estamos acostumbrados a buscar formas de aliviar nuestro propio dolor, a sentirlo y a tener que afrontarlo. Sin embargo, no estamos tan habituados a enfrentarnos al dolor intenso de otra persona. Se vuelve especialmente complicado cuando esa otra persona es alguien que nos ha cuidado, consolado y/o protegido siempre a nosotros o a quien no habíamos conocido así. 

¿QUÉ PUEDO HACER PARA AYUDARLE CON SU DOLOR? 

Con el dolor del otro no podemos hacer lo mismo que con el propio. Por más que intentemos entender, empatizar y sintonizar con su dolor, no podemos hacerlo desaparecer o no podemos devolverle la calma ni hacer por el otro lo que él no quiera o pueda. Debemos saber que nuestro objetivo NO es ACABAR con su dolor, si no ACOMPAÑARLE en el proceso. 

¿QUÉ SIGNIFICA ACOMPAÑAR EN EL DOLOR? 

Acompañar en el dolor significa estar presente y aceptar el proceso del otro, con sus emociones, sus tiempos, sus necesidades y sus espacios. 

Significa acercarse, no para “resolver”, si no simplemente para estar cuando el otro lo necesite. 

Significa no presionar ni pedir un cambio de actitud, no insistir en consejos sobre cómo dejar de sentirse mal (cuando no nos los han pedido o los han escuchado muchas veces). 

Acompañar en el dolor puede ser ir de la mano, caminar al lado o detrás de la persona que siente dolor. En algún momento podrás subirla a tus hombros, cogerla en brazos o llevarla a cuestas, pero será mejor que seas un apoyo seguro para que inicie la marcha sola. Significa asumir que no podemos experimentar su realidad y que no tenemos ni podemos acabar con su malestar, a pesar de que nuestra tendencia sea la de dar soluciones, consejos o ideas sobre cómo sentirse mejor. 

¿CÓMO PUEDO ACOMPAÑAR EN EL DOLOR A UN SER QUERIDO? 

  1. SOSTENER 

Cuando el sufrimiento sea elevado y el dolor le sobrepase puedes ser quien le ayude a sostenerlo. Darle la seguridad de que la situación pasará, ofrecer la mano para poder agarrarse o un abrazo para poder soltar sin miedo. 

  1. PERMITIR SU TRISTEZA 

Validar todas las emociones que aparecen junto con el dolor, así como su duración y cómo se manifiestan (llanto, aislamiento, malestar físico, cansancio, falta de energía, queja…).Dar libertad para compartir sobre sentimientos y pensamientos sin tratar de modificarlos o sustituirlos rápidamente por otros más agradables. 

  1. ACEPTAR SU PROCESO (SIN JUZGAR) 

Entender que cada proceso de dolor es individual, y tiene derecho a dar pasos atrás, equivocarse, parar, tener altibajos o no enfrentarse al dolor igual que tú. A veces esto resulta complicado de cumplir, como cuando percibimos que “no se está esforzando por estar mejor”, “no hace lo suficiente” o “quiere estar mal”. Todas estas creencias son juicios de valor y críticas que nos alejan del otro y afectan a nuestro acompañamiento en el dolor. 

  1. OFRECER AYUDA 

Ofrecer ayuda significa preguntar por lo que la persona necesita, sin darlo por hecho o sin presionar siquiera a que la coja o acepte. Quizás el otro necesite algo que desconoces, necesita hacerlo solo o hacerlo a su manera. Sé igual de receptivo y comprensivo cuando te pida ayuda que cuando te diga que no necesita nada. Recuerda lo difícil que es rechazar una propuesta de ayuda y lo que cuesta decir que no a alguien a quien queremos. 

  1. CUIDAR 

Existen tantas maneras de cuidar como relaciones humanas de afecto. Cuidas cuando haces una llamada, cuando compras un dulce preferido, cuando envías una canción o cuando te adelantas a limpiar un espacio común. También cuidas cuando estás pendiente, cuando facilitas un trámite burocrático o cuando proteges de preguntas incómodas o insistentes.

  1. ESCUCHAR 

Escuchar, observar con atención e interés, no interrumpir, no insistir en indicaciones o frases (con buena intención pero sin efecto). Prueba a escuchar y preguntas más de lo que hablas. Intenta poner el foco en entender la realidad del que habla en lugar de dirigirlo hacia cómo hacerle sentir mejor, quizás te sorprenda el resultado, no tenemos que llenarlo todo de palabras, compartir silencios puede ser una poderosa herramienta de calma y seguridad para el otro. 

  1. ESTAR DISPONIBLE 

Ante eventos como los duelos, la pérdida de un empleo, la ruptura de una relación o el diagnóstico de una enfermedad, muchos suelen estar al principio, pero pocos permanecen. Algunos se alejan porque creen que no hacen falta, otros por agotamiento y otros porque creen que “ya pasó lo peor”. La realidad no suele ser así. Estar ahí, disponible puede ser muy importante para quien sufre y ha sufrido. 

  1. RESPETAR SUS ESPACIOS Y RITMOS 

Es fácil que caigamos en invadir los espacios del otro o querer adelantarnos a su ritmo. Resulta difícil identificar los límites o aquello que será mejor en cada momento o situación. Para descubrirlo, espera, escucha, observa, pregunta y sigue tu instinto. No te equivocarás si haces todo esto, te adaptarás cuando toque hacerlo y la persona se sentirá “sentida” y respetada. 

¿QUÉ PASA SI NO ME SIENTO CAPAZ DE ACOMPAÑAR?

Al igual que cuidamos a los demás y respetamos sus necesidades, también lo debemos hacer con las nuestras. Acompañar en el dolor requiere reconocer y aceptar emociones difíciles (frustración, tristeza, impaciencia, desesperación, cansancio, miedo…). Ser testigos del dolor es doloroso, y saber hasta dónde y cómo podemos hacerlo es indispensable en el proceso de acompañar. Puede que necesitemos un descanso, alguien que nos apoye a nosotros, con quien desahogarnos. 

Como acompañante en el dolor, trátate como tratas al que sufre, porque el dolor de otros, puede ser tan intenso como el propio. 

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