5 Mitos sobre los psicólogos y la psicoterapia
5 Mitos sobre los psicólogos y la psicoterapia
Qué mejor día que hoy, 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental para hablar sobre quienes nos dedicamos profesionalmente a la Psicología y sobre cómo funciona nuestro trabajo. Y es que, a pesar de que el cuidado de la salud mental se va normalizando, tanto la psicoterapia como quienes trabajamos en ella aún arrastramos una serie de prejuicios e ideas equivocadas sobre qué hacemos, para qué y para quién.
El desconocimiento sobre la terapia psicológica y las falsas creencias sobre lo que supone acudir al psicólogo hacen que se haya convertido en un tabú y en una opción rechazada antes incluso de saber en qué consiste. Puede que este sea tu caso o que ya hayas tenido alguna experiencia con la psicoterapia; te estés planteando solicitar una cita. En cualquier caso, he querido recoger algunos de los mitos o leyendas sobre la labor de los psicólog@s y sobre el funcionamiento y la finalidad de ir a terapia.
1. “Vas a terapia a contar tus problemas y desahogarte”.
Tengo que confesar que, años antes de decidir mi futuro profesional, creí que efectivamente esta era la tarea principal de un psicólogo. Tenía esta visión del psicólog@ como un ser sabio, silencioso y sosegado que se sienta detrás del diván a escucharte divagar sobre tus conflictos internos y tus desgracias, mientras toma anotaciones en una libreta… Más allá de la apariencia de cada psicoterapeuta y su metodología de trabajo, el acudir a terapia es mucho más amplio que esto.
El desahogo que se siente al exponer nuestras preocupaciones a una tercera persona suele ser sin duda un alivio momentáneo, similar al que sentimos al sentarnos frente a un amigo y contarle eso que nos está agobiando tanto. Hacer esto nos ayuda a calmarnos y probablemente a tomar perspectiva sobre la situación. Sin duda, cuando de verdad nos liberamos y podemos soltar es cuando vamos más allá.
En consulta dedicamos un espacio de tiempo al problema que trae cada uno a la sesión, la otra gran parte se dedica a trabajar sobre nuevas formas para poder resolverlo, gestionarlo o distanciarse de él. La terapia requiere un esfuerzo y un trabajo del psicólogo y sobre todo de ti, que eres el protagonista principal del cambio.
2. “No voy a terapia porque no estoy loco, solo tengo problemas normales”.
Este es un perfil habitual que se suele encontrar entre las personas cuya información sobre la psicoterapia proviene de las thrillers psicológicos y las series sobre psicópatas asesinos. Sin entrar a profundizar en el complejo término de la “locura”, sí me gustaría señalar que la terapia va dirigida a acompañar en situaciones de sufrimiento, de crisis o de incertidumbre de cualquier tipo y en cualquier grado. No existe un nivel de tristeza por el cual está permitido ir a terapia ni una lista de problemas graves por los que se considera normal visitar al psicólogo. A la hora de decidir acudir a terapia podría ser más útil valorar, cómo te encuentras, cómo te gustaría encontrarte y en qué medida estás dispuesto a dedicarte a estar mejor.
3. No sé en qué me puede ayudar contarle mi problema a un desconocido/a.
Veamos cómo sería esta expresión en otro contexto: “¿Por qué tengo que ir a que me mire los dientes una persona que no conozco?” o “No sé por qué ese señor/a con bata tiene que pinchar a mi hijo”. Cuando hablamos de ir a “contarle los problemas” al desconocido olvidamos la segunda parte, ese desconocido es un profesional de la salud mental, alguien con conocimiento y, sobre todo, con el deseo y la vocación de ayudarte. Puede que no conozca nada sobre ti, pero quizás sea precisamente eso lo que hará de la terapia un proceso diferente y más eficaz que lo que intentaste hasta ahora.
Al igual que vamos al médico cuando el malestar es físico y confíamos en su trabajo, ¿por qué no hacerlo cuando sentimos malestar psicológico?.
4. “Quiero ir al psicólogo para que me dé pautas”.
Esta se encuentra entre el top 10 de las frases más habituales y sobre ella habría que puntualizar en qué medida es más o menos acertada. En Psicología, como en otros campos del cuidado de la salud, existen muchas corrientes de pensamiento y, por lo tanto, maneras diferentes de llevar cabo el trabajo en las sesiones. Algunos psicólogos y algunas maneras de ejercer la terapia están más centradas en tratamientos algo más “instructivos” o directivos, con una serie de fases y tareas con los que alcanzar los objetivos que trae el usuari@ a terapia. Esto no debe hacernos creer que el psicólogo dispone en su caja fuerte de un manual sobre “Cómo enfrentarse a los problemas”. Siento decirte que no contamos con fórmulas mágicas para cambiar a tu pareja o para eliminar la tristeza en tres sencillos pasos (seríamos seres privilegiados y con una vida bastante aburrida).
Las dificultades que cada uno de nosotros atravesamos son únicas, diferentes y por lo tanto, cuentan con infinitas posibilidades para afrontarlas, y está en nosotros el descubrir cuál es nuestra forma de hacerlo. Es en este punto donde la Psicología nos ofrece conocimientos, experiencia y recursos para ponernos en marcha e ir hacia donde queremos. El psicólog@ puede acompañarnos en esta trayectoria, como un guía en momentos de incertidumbre, un recordatorio de nuestro deseo de avanzar y una visión clara de nuestras herramientas y posibilidades. Sin embargo, este recorrido comienza y termina en nosotros, es esto lo que convierte la terapia en una manera de aprender, crecer y ser más felices.
5. “Lo mío no tiene remedio, prefiero no darle vueltas y mirar hacia adelante”.
Es una frase hecha y detrás de ella se puede esconder un temor, totalmente humano, a exponer nuestras debilidades, vulnerabilidades o conflictos. El miedo a abrirnos a otra persona es un mecanismo de defensa frente al daño y un aviso de las amenazas que hemos almacenado a lo largo de nuestra historia de vida. Esto es adaptativo, pero deja de serlo cuando ese miedo nos paraliza o, peor aún, cuando nos arrastra por una forma de vivir que se aleja mucho de lo queremos para nosotros.
Puedes estar mejor, sea lo que sea aquello que te crea ansiedad, te preocupa o te causa dolor e independientemente del tiempo que lleves cargando con ello o de las veces que hayas intentado ponerle remedio. Puedes tener dudas o temores y, aún con ellas, puedes darte la oportunidad de sentirte mejor. A veces es solamente el círculo de pensamiento negativo y contaminado lo que nos frena para ponerle fin al malestar y lo alarga en el tiempo.
El primer paso para empezar es atreverse y confiar, y eso puede hacerse aún con miedo.