3 Razones para Hablar de la Muerte y del Duelo
¿Te hablaron de la muerte cuando eras pequeño/a?
¿Estás atravesando un duelo o conoces a alguien en esta situación?
¿Querrías hablar y compartir sobre el dolor de alguna pérdida pero no saber cómo hacerlo?
Uno de los temas más recurrentes en terapia pero menos comentados en el día a día es el de la muerte y el duelo. Todas las personas pasamos por muchas pérdidas a lo largo de nuestra vida, todos pasamos por diferentes procesos de duelo y todos nos enfrentaremos a la muerte. Entonces, ¿por qué no hablamos de ello?
Hoy te planteo 3 razones por las que hablar de la muerte y del duelo.
Pero antes… Existen muchos tipos de duelo según el tipo de pérdida que suframos: una ruptura sentimental, un cambio de trabajo o un traslado a otro país, el cierre de una etapa de la vida o el distanciamiento de una relación familiar o de amistad. Hoy ponemos el foco en el duelo por el fallecimiento de una persona querida.
1ª) NORMALIZAR LA MUERTE COMO PARTE DE LA VIDA
A pesar de que la muerte forma parte de la vida, es un tema que solemos evitar; al menos hasta que nos enfrentamos a ella de una u otra forma. Al contrario de lo que ocurre en otras culturas, que rememoran a sus difuntos y celebran la vida a través de la muerte, la sociedad occidental evita cada vez más hacer alusión a ella. Como si no hablar sobre el tema, lo hiciera desaparecer.
La consecuencia de convertir la muerte y el duelo en un tabú es que genera creencias erróneas, mitos e intensifica las emociones de miedo, incertidumbre y angustia que ya acompañan a estas experiencias vitales.
Por el contrario, hablar con libertad sobre la muerte, incorporarlo en la educación desde la infancia, conocer las fases del final de la vida, preguntar y reflexionar, nos ayudará a entender el duelo y la muerte. Nos permitirá acompañar en el duelo a otros y disponer de ayuda para recuperarnos y afrontarlas.
“Una sociedad que niega la muerte, también niega la vida” (Erich Fromm).
2ª) HABLAR PARA SANAR
El silencio acumula el dolor no expresado. Este dolor, permanece y se manifiesta a través de problemas físicos o psicológicos, manteniendo el malestar emocional. Todo lo que callamos tiene una repercusión directa o indirecta en nuestra manera de funcionar, en nuestro cuerpo y en nuestra mente.
Compartir con otros sobre los sentimientos cambiantes del duelo (sean cuales sean), contar anécdotas y recuerdos sobre la persona fallecida, soltar miedos e inquietudes, preguntar a otros sobre sus pérdidas… Estas son algunas de las formas a través de las cuales podemos sanar el dolor poniéndole palabras.
“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” (Carl Jung)
3ª) EL DOLOR NECESITA ESPACIO
Al igual que el silencio, el encerrar o negar el dolor no lo hace desaparecer. Uno de los elementos esenciales para aliviarlo, paradójicamente, es darle espacio al dolor. Este espacio no es físico, pero sí puede ser visible o tomar alguna forma que podamos ver o tocar.

Damos espacio al dolor con rituales de despedida o de homenaje de la persona fallecida y de nuestra historia con él o con ella. Damos espacio cuando compartimos abiertamente y con sinceridad nuestra experiencia de duelo, sin plazos ni juicios. Damos espacio cuando nos permitimos sentir las emociones sin reprimirlas, aunque nos resulten incómodas o contradictorias. Damos espacio cuando transformamos el dolor en algo que tenga significado para nosotros.
“El dolor exige ser sentido. Intentar suprimirlo solo prolonga el sufrimiento” (Viktor Frankl).
Este texto no busca ofrecer recursos específicos para transitar el duelo, pero sí impulsarte a compartir, hablar y escuchar. Cada duelo es diferente y cada persona tiene unas necesidades a la hora de atravesarlo.
Si te encuentras en este momento y quieres que te ayudemos en el camino, ponte en contacto con nosotros.