¿Por qué ir a terapia?

¿Por qué ir a terapia?

Cuando necesitamos cuidar o sanar el cuerpo nuestra respuesta suele ser similar y más o menos rápida (según el temor de cada uno a las “batas blancas”). Tenemos claro que para cada problema de salud existe un especialista, un experto con formación y experiencia en nuestro problema que puede ayudarnos a tratar el problema, orientarnos sobre soluciones o simplemente averiguar qué nos ocurre.

¿Qué hacemos cuando psicológicamente no nos encontramos bien?

Al contrario de lo que ocurre con el malestar físico, solemos tener miedo a hablar  abiertamente de nuestra dolencia con otras personas. Si bien no nos da vergüenza contar en una reunión familiar que tenemos cita con el traumatólogo o que esta semana toca dentista. Incluso acudimos al médico para hacernos chequeos o revisiones, porque vale más prevenir que curar, y así nos aseguramos que todo está en orden. 

¿Qué pasa entonces cuando el dolor, la molestia o el malestar no es físico?

Ahí cambia la forma de enfrentarnos a la situación y solemos probar mil y una alternativas antes de acudir a terapia. Algunos de los métodos más utilizados son la evasión, en el trabajo, en actividades de ocio y en muchas ocasiones en adicciones o conductas que nos mantienen poco conscientes de nuestras sensaciones y pensamientos. Otro recurso es la búsqueda de recursos que, aunque pueden ser eficaces para acercarnos a nuestro dolor y entenderlo, pueden no adaptarse a nosotros o se quedan en ideas que no pasan a la acción.

Toda esta trayectoria de soluciones que intentamos pueden resultarnos más o menos eficaces, pero en muchas ocasiones trabajan poco sobre cambios a largo plazo, autoconocimiento y desarrollo de recursos personales.

¿Por qué nos cuesta tomar la decisión de ir al psicólogo?

Parece ser que ir al psicólogo o simplemente planteárselo sigue siendo “tabú”, incluso para nosotr@s mism@s. A pesar de que todos, de una u otra forma, sufrimos malestar, etapas difíciles de gestionar, cambios a los que adaptarnos, pérdidas o crisis, nos cuesta reconocerlo y pedir ayuda.

Normalizamos la falta de bienestar, el encontrarnos desanimados, ansioso o estresados pero no consideramos la terapia como una forma de ponerle remedio y estar mejor.

¿Qué miedos o dudas nos impiden acudir a terapia?

Puede que en tu caso sea el desconocimiento sobre qué es eso de “hacer terapia” o bien la incertidumbre del papel del psicólog@ y cómo puede ayudarte sin conocerte.

Quizás sea la desconfianza a hablar sobre ti o sobre lo que te preocupa. Puede que consideres que nada puede hacerte sentir mejor o que lo que estás viviendo es “lo que toca”.

¿Qué me puede animar a acudir a terapia?

Más adelante comentaremos algunos de los mitos y creencias asociados a los psicólog@s y a la terapia. Antes quiero plantearte algunos de los motivos por los que, más allá de los temores a lo desconocido, puedes decidirte a acudir a psicoterapia.

1.La terapia es por y para ti.

La terapia no es un protocolo estandarizado ni general para todas las personas. Incluso cuando el motivo de consulta es habitual, cada proceso es personal y único. Tú eres el protagonista del cambio. Juntos decidimos el foco de las sesiones y el modo de trabajo que mejor se adapta a ti y al momento en el que te encuentras.

2. Tod@s podemos necesitar ayuda psicológica.

De hecho podemos recurrir a ella en diferentes momentos a lo largo de la vida, con una duración diferente y por motivos variados. No existe un “perfil” de usuario o cliente al que haya que ajustarse ni tampoco un nivel de malestar para pedir ayuda. En Psicología también existen los “chequeos” para ver cómo va todo, para buscar un avance o simplemente para hacer una consulta.

3. Confía y libérate de prejuicios.

El/la psicólog@ es un/a profesional de la salud mental, lo que no quiere decir que te conviertas en “loc@” por acudir a consulta. El malestar psicológico forma parte de la vida, y es ahí donde se centra nuestro trabajo.

4. La terapia psicológica aporta recursos y herramientas.

El trabajo y los resultados de la terapia van más allá del tiempo en sesión. Lo que ocurre a lo largo de esos minutos debe ser un impulso para tu día a día fuera de consulta. Desarrollarás tus propias habilidades y aprendizajes para que la terapia sea eficaz y termines con una mochila de recursos a tu disposición.

5. Como todo, puedes probar y experimentarlo por ti mismo.

La psicoterapia es un proceso individual e íntimo. Se trata de un proyecto satisfactorio, útil y enriquecedor, que cada uno experimenta y vive a su manera. Si lo decides o si te lo estás planteando, da el paso, probablemente se abra un nuevo camino.

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